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GRUPOS COERCITIVOS Y DE MANIPULACIÓN MENTAL

RedUNE-Red de Prevención del Sectarismo y del Abuso de Debilidad

*LA SECTA,UNA RESPUESTA POSIBLE AL MALESTAR DEL CAPITALISMO GLOBALIZADO.

Publicado en 30 Marzo 2013 por grupos-de-manipulacion-mental

“Nuestro mundo es un mundo en búsqueda de un lenguaje, no sólo ahora sino constantemente, en parte porque el otro mundo, el del trabajo abstracto, nos va robando el lenguaje todo el tiempo, pero también porque nosotros estamos inventando nuevos haceres y nuevas formas de lucha todo el tiempo. La teoría social, el arte y la poesía son parte de esta búsqueda constante.”

COLABORACIÓN DE : María Cristina Oleaga(Argentina)

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“El sectarismo está basado en el pensamiento identitario (es decir capitalista): pone etiquetas, concibe a las personas como parte de una clasificación. Si nuestro punto de partida es la dignidad, esto implica la aceptación que nosotros, como todos, somos contradictorios, auto-antagónicos, que desbordamos cualquier clasificación.” [1]

 

Introducción

¿Estaremos también nosotros, psicoanalistas, en búsqueda de un lenguaje?

Creo que, al menos, podemos decir que buscamos revitalizar, recrear un lenguaje. Es así si entendemos por lenguaje un modo de operar, desde lo simbólico sobre lo real que nos concierne: el sufrimiento subjetivo. Asimismo, podemos afirmar que buscamos un lenguaje si pensamos que necesitamos aggiornar herramientas para entender los cambios epocales y los modos en que éstos atraviesan a los sujetos. Desde luego, tenemos un tesoro de recursos, desde Freud en adelante, para servirnos de ellos en esa búsqueda.

Me interesa detenerme en el fenómeno actual de proliferación de las sectas como respuesta posible al malestar en la cultura, tal cual éste se presenta hoy.

Ahondar en los recursos y los modos con los que el Psicoanálisis puede abordar esta problemática sería motivo de otro trabajo. El arte, la poesía, e incluso el humor, estarán en juego en esa apuesta de rescate del sujeto en su singularidad más íntima.

La precariedad 

El cambio epocal toca a los sujetos incluso en el punto mismo de su constitución. Baste considerar las transformaciones que la ciencia y el mercado han aportado en lo que se llama capitalismo global. Desde la posibilidad de la clonación hasta la llegada de un sujeto a familias atípicas, pasando por la desestabilización de todas las creencias e instituciones modernas, todo nos lleva a detectar nuevas condiciones para la constitución subjetiva.

En este sentido, cada vez menos la sociedad valida la particularidad, cada vez más impulsa hacia la uniformidad. Los mandatos actuales, en todos sus aspectos -gozar, ser feliz, ser exitoso económicamente, vivir aceleradamente, ser joven y eficiente- determinan, en su exigencia superyoica feroz, que la amenaza de exclusión esté siempre en el horizonte. Es imposible cumplir y, a la vez, se espera que ese ‘imposible’ sea eliminado. El sujeto vive esa trampa como si el fracaso fuera efecto exclusivo de su propia incapacidad.

En paralelo, apreciamos la caída de ideales, de relatos que antes sostenían a los sujetos en el mundo. Ya ni estudiar, ni trabajar, ni nada parece garantizar cierta estabilidad y mucho menos resulta posible sostener la ‘dignidad’ que se le otorgaba a la bohemia, por ejemplo, si estaba al servicio de alguna ‘causa’, política, artística o del tipo que fuese. Todo se ha precarizado, y, en ese camino, los lazos sociales -y este punto debe importarnos especialmente- se han fragmentado, debilitado, han perdido consistencia. La vida misma, en este contexto, parece desprovista de sentido, fugaz, tipo zapping de pesadilla.


Precariedad subjetiva, precariedad en la pertenencia social son las dos caras de un mismo fenómeno, bien descripto por Bauman como lo ‘líquido’. 

En lo que nos concierne, la constitución del sujeto, si los ideales no tienen peso, si lo simbólico no contiene ni ordena ya del mismo modo, lo que irrumpe es el despliegue pulsional, el desarreglo del goce más allá del principio del placer, por fuera del marco de la sublimación y al ritmo que marca el mercado y la proliferación de los objetos que distribuye. Autoerotismo, pulsión parcial y aislamiento son los rasgos que predominan, y que dan un color tanático a la civilización actual. Entiendo describir en parte lo que Castoriadis conceptualiza como ‘avance de la insignificancia’; ‘crisis de sentido’ en el ámbito social y ‘crisis de representación’ en cuanto a la constitución subjetiva.

Consumo, objetos que el mercado ofrece a todos por igual, exigencia de satisfacción inmediata son los datos que, en la clínica, verificamos en patologías más ligadas al acto que a la represión. La castración parece ser algo de lo que se podría escapar, al menos es la ilusión que vende el mercado, que la ciencia alienta y que los consumidores esperan ávidamente llegar a obtener. Este punto, el rechazo de la castración como rasgo de época, es crucial para entender la proliferación actual de las sectas.

La respuesta de la segregación

Jaques Lacan, preocupado por el futuro del Psicoanálisis y por el rol de los analistas frente al malestar en la cultura, pudo anticipar efectos sociales devastadores ya en el año 1967. Así, vaticinó el daño subjetivo ocasionado por el discurso capitalista, el mercado y la ciencia. Apuntar a un 'para todos' desconoce lo particular del sujeto. El único refugio subjetivo que propone el mercado es la masificación. ‘Ser es ser como todos’.

Se trata de una paradoja ya que, si lo esencial del sujeto es su ‘diferencia’ -su ‘particularidad’- asimilarlo al conjunto implica su desaparición. Pensemos en el consumo masificado que es visto como índice del valor de un sujeto: las marcas, lo unisex, la uniformización. Se alienta un sujeto ‘lavado’ tanto de su sexo como de su historia, tanto de su ideología como de su proyecto más íntimo. Se apunta al surgimiento de un ‘consumidor’ amable y carente de espíritu crítico. La ciencia acompaña cuando pretende subsumir la subjetividad en lo biológico, cuando ofrece psicofármacos y pretende eliminar con ello el sufrimiento humano. Sufrimiento que, por otro lado, la ciencia pretende atrapar con sus casilleros descriptivos, eliminando así al sujeto.

Lacan hizo un llamado de atención a los psicoanalistas acerca del capitalismo, el malestar en la cultura y sus consecuencias. Previó que la instalación de este ‘para todos’ tiránico produciría efectos segregatorios brutales que llegó a denominar como ‘campo de concentración’:

“Abreviemos diciendo que lo que vimos emerger para nuestro horror, hablando del holocausto, representa la reacción de precursores con relación a lo que se irá desarrollando como consecuencia del reordenamiento de las organizaciones sociales por la ciencia y, principalmente de la universalización que introduce en ellas. Nuestro porvenir de mercados comunes será balanceado por la extensión cada vez más dura de los procesos de segregación.” [2]

Lo que tanto la ciencia como el mercado expulsan, forcluyen, la singularidad subjetiva, reaparece, entonces, en lo real.

Así, algunos jóvenes forman tribus a partir del o de los rasgos que los convierten en descartables para la sociedad: la pandilla, ‘los fraca’, los ‘pibes chorros’, etc. Son muestras de modos horizontales de organización a partir de ’hacer de defecto virtud’. Se trata de respuestas segregativas a la universalización que no permiten, sin embargo, una circulación deseante. La droga, asimismo, puede favorecer otras formas de agrupamiento compensatorio con un modo de satisfacción mortífera.

También podemos apreciar los efectos de segregación centrándonos en los sujetos que desconocidos, negados, por esa masificación buscan hacer emblema de su propio modo de ‘ser’, de gozar. De este modo, vemos surgir los grupos, las colectividades. Son los 'diferentes' que reclaman ser reconocidos por su particularidad: gays, transexuales, travestis, la serie es extensa. 

La secta como respuesta posible al malestar

La ‘secta’ es una respuesta segregatoria, y a menudo adictiva, al malestar actual. Se trata de un grupo ‘de riesgo’ que ejerce un control férreo sobre sus miembros, los manipula psicológicamente, y puede llegar incluso a su destrucción física. No interesa tanto el contenido de su ‘doctrina’ pues abarca tanto a grupos religiosos como a ciertas empresas de venta piramidal, tanto a algunos partidos políticos como a pretendidas instituciones gimnásticas, de yoga, de meditación, psicoterapéuticas, etc. Me interesa la estructura de su organización, sobre todo libidinal, la cual determina que sean lugares tan peligrosos y, a la vez, tan atractivos para los sujetos del mundo actual.

Muchos jóvenes, y otros no tan, se ven envueltos en sectas pues aspiran a encontrar allí un lugar en el que se les reconocerá su particularidad más esencial. Es uno de los modos en que se manifiesta la segregación. Es uno de los ‘anzuelos’ que ofrece la secta. En algunos casos, se materializa el aislamiento de los miembros en ashrams, por ejemplo, u otro tipo de comunidades de convivencia cerrada, parecidas hasta en lo fenomenológico al campo de concentración augurado por Lacan.

La prédica de los gurúes, de los maestros de toda clase, religiosos o de otro tipo, ofrece un lugar, explícitamente o no, un refugio, ante alguna agresión calificada como tal según el tipo de rasgo que se tome para agrupar a los adeptos.

Así, existen las sectas religiosas, sincréticas en general, aunque a predomino ideológico oriental, que prometen un ‘renacimiento’, un ‘crecimiento espiritual’, lejos del materialismo del mercado. Otras, más ligadas al narcisismo individualista, ensalzan la ‘vida sana’, cierto tipo de alimentación muy estricta, el retiro de las exigencias ciudadanas e, incluso, el asentamiento en el campo, lo que aseguraría más y mejor vida. La serie de los rasgos que se destacan es extensa.

Las sectas abrevan en la fragilidad del sujeto tal cual la promueve la cultura actual: su intolerancia a la castración. Se nutren del déficit de los ideales, del debilitamiento de los lazos sociales. Todas ellas, explícitamente o no, prometen el triunfo sobre la castración y llegan a montarse, para ello, hasta en la idea de la reencarnación. Se trata del aprovechamiento, por parte de los líderes, de las condiciones de precariedad subjetiva. Se apropian, así, de la economía, libidinal y de la otra, de los miembros. El pensamiento mágico, tan del gusto de los sujetos de la New Age, encuentra un buen lugar en la secta. Asimismo, toques de aseveraciones supuestamente científicas terminan de presentar una oferta de salvación lista para llevar.

En otra época la secta se presentaba como un reducto que sólo ‘atrapaba’ a sujetos psicóticos necesitados de contención extrema, una minoría, caricatura que algunos todavía creen vigente. Hoy la fragilización del sujeto en la civilización permite que la población afectada, grupodependiente, aumente considerablemente.

Las paradojas sectarias

La secta da un lugar de pertenencia, un ‘nosotros’ que, aunque rígido y altamente condicionado al cumplimiento de los preceptos, contrasta con el desamparo de los lazos ‘flojos’ que el sujeto padece a su alrededor. Para ello, le pide aislarse, separarse de sus orígenes, ‘desapegarse’, y concentrarse libidinalmente en el grupo, en los vínculos horizontales, en el ‘todos hermanos’, ‘todos iguales’.

Como consecuencia, las relaciones entre los miembros están afectadas por todos los rasgos del narcisismo, la competencia por el amor del líder, y la rivalidad. Esta circulación libidinal, intensamente descalificada en el interior del grupo, o se desconoce y se oculta o se dirige al ‘afuera’, hacia los ‘otros’ que no entienden, claro está, de qué se trata el ‘amor fraterno’ que une a la comunidad sectaria. Es por ello que los miembros dan muestras, contrastando con el ‘amor’ que suelen proclamar, de intenso despliegue agresivo hacia lo externo al grupo.

Asimismo, los vínculos internos horizontales se tornan necesariamente superficiales para evitar el surgimiento de rivalidades ocultas. El sujeto, tarde o temprano, se encuentra en soledad.

El líder, heredero de los ideales sociales desfallecientes, se convierte en el modelo, el Padre, que amará y protegerá de todos los peligros, a condición -claro está- de que se cumplan sus mandatos. Se escapa de la dictadura del mercado y se cae bajo el autoritarismo de una figura que representa su misma obscenidad, una figura del superyo. Bajo la apariencia de garantizar al sujeto su libertad, la secta lo somete a servidumbre.

Al buscar el reconocimiento de su diferencia, de sus significantes distinguidos o, incluso, al adscribir a los que la secta le ofrece, el sujeto pretende recortarse de una masa y encontrar un lugar. En las sectas cree lograrlo pero sólo para vivir como amenaza de desalojo y desamparo cualquier movimiento crítico o de disidencia que pueda habitarlo.

Hay, entonces, un nuevo encuentro, para el sujeto, con lo que tanto temía, con la amenaza de exclusión. Si no logra cumplir con los mandatos, si no puede seguir los preceptos, si duda, si flaquea enfermará, será expulsado, perderá los lazos con el resto, no alcanzará la sabiduría, la vida eterna, no logrará cambiar el mundo, etc. según sea la promesa sectaria de turno. La secta es la masa en su aspecto más cruel. La secta, como el mercado capitalista, le pide el ‘tener’ y el ‘ser’. El retorno de la angustia, el malestar evitado, puede abrir, entonces, espacio para el encuentro con un analista.

 

Notas
 
[1] John Holloway. Poesía y Revolución. Ponencia impartida en la Primera Cátedra Latinoamericana de Historia y Teoría del Arte Alberto Urdaneta, Museo de Arte Universidad Nacional, Bogotá, 17 de septiembre de 2007. 

[2] Lacan, J., "Proposición del 9 de octubre de 1967", Manantial, pág. 22.



Comentarios

*Iglesia de la Cienciología: ¿culto o ciencia ficción?

Publicado en 6 Marzo 2013 por grupos-de-manipulacion-mental

La presentación de la película The Master ha vuelto a poner el foco de atención en la organización que en España fue incluida en el Registro de Entidades Religiosas en 2007. Varios grupos alzan la voz en contra de ésta y aseguran que lleva a cabo prácticas claras de “manipulación psicológica”, según escribe Laura Albor en La Información.Sin-titulo-3.png
Formó parte del Ejército de EE.UU. entre 1941 y 1943, escribió 138 cuentos y novelas de varios géneros, entre ellos el de ciencia ficción, se casó tres veces y fundó incluso una nueva ‘religión’ a la que llamó Cienciología. A grandes rasgos, ésta fue la vida de L. Ron Hubbard, personaje al que muchos reconocen en The Master, un filme que ha vuelto a poner el foco de atención en el grupo espiritual.
“No he visto la película, pero su director dice en varias entrevistas que es ficción, es decir, que es una historia fabricada”, asegura Iván Arjona, máximo responsable de la organización en España y que define la actividad de la organización como “filosofía religiosa aplicada”. “Es una forma de vida, relativa a uno mismo como ser religioso/espiritual”, explica a La Información, “se basa en el logro de la salvación a través del conocimiento y la aplicación práctica del mismo día a día”.

¿Religión o ciencia ficción?

La organización llegó a España en los años 60, pero no se establece jurídicamente hasta 1980; desde ese momento intentó en varias ocasiones el registro en el Ministerio de Justicia hasta que en 2007 fueron admitidos en el Registro de Entidades Religiosas. Pese a ello, son varias las voces que se muestran contrarios a esa denominación. “Nosotros partimos de la base de que el término ‘iglesia’ significa un credo o un culto, negamos la mayor de que sea una religión, otra cosa es que estén legalizados como tal”, apunta Juantxo Domínguez, presidente de la Red de prevención del sectarismo (RedUne).
“Sus prácticas son una cosa muy extraña, muy soterrada, muy superficial”. Alguna de las creencias a las que apunta Domínguez está relacionada con Xenu, un dictador de una Confederación Galáctica que hace 75 millones de años confinó en la Tierra a los “thetans”, unos espíritus malvados que todavía hoy infectan la psique de los hombres. Para liberarse de éstos, se deben llevar a cabo sesiones de ‘clarificación’.
“Es una farsa, una invención, le han dado mucho bombo a estas historias para hacernos parecer algo raro”, afirma Arjona. “Vienen de gente que a lo mejor acaban mal con nosotros y quieren intentar, que no es que lo logren, hacer daño. Utilizan el hecho de que Hubbard escribía ciencia ficción para decir que esas son nuestras creencias”.
Domínguez responde: “Aunque ellos lo nieguen, hay una relación muy estrecha con su fundador, con su entendimiento de cuestiones extraterrestres”. Para el experto en sectas, el hecho de que lo nieguen se debe a que perderían posibles adeptos: “Si contaran esas historias en la introducción de sus actividades, la gente les cerraría la puerta en las narices. Este tipo de información la guardan secretamente para los que ya han ido asumiendo el culto de su ideología. La idea es que cuando alguien lleva ya mucho tiempo ‘bebiendo’ de la iglesia le dicen: -como tú eres un privilegiado te damos la piedra filosofal. Tú no eres uno más, eres uno especial”.

¿Culto o excentricidad?

“Al principio me interesé en mejorar aspectos de mi personalidad, y también me decían que compartían mis ideas sobre ecología y la prohibición de la caza de ballenas, etc.”, recuerda en una carta a RedUne un ex-miembro de la Iglesia de la Cienciología que quiere permanecer en el anonimato. “Me guiaban con sugestiones, acercándome poco a poco a sus ideas. Una introducción muy suave, en la cual no me di cuenta que estaba introduciéndome en un mundo de ciencia-ficción, de fantasías cada vez más grotescas, y en las cuales yo comenzaba a creer con fervor creciente”.
La persona que muestra interés por entrar en la congregación, tendrá que completar antes un test que aportará información sobre su persona. Según apunta Miguel Perlado, psicólogo especialista en sectas, presidente de la Asociación Iberoamericana de para la Investigación del Abuso Psicológico (AIIAP), ese cuestionario tiene el objetivo de “buscar tu ruina, es decir, aquellos aspectos más cuestionables de uno mismo para presionarle a entrar en los cursos iniciales”.
Uno de los aspectos más destacados de la Cienciología es la creencia de que cada persona tiene una mente que reacciona a los traumas de la vida, nublando el pensamiento. Para encontrar estos ‘puntos negros’ los miembros se someten a un proceso llamado ‘auditación’. En éste, la persona ha de conectarse a una máquina, llamada E-metro, que según los cienciólogos mide el flujo eléctrico del cuerpo. Mientras, otro integrante (denominado auditor) le realiza una serie de preguntas que darán con el origen del trauma. “Para llegar a ser auditor se tiene que estudiar mucho, podría ser el equivalente a una carrera universitaria”, explica Arjona. “En España puede haber unas 30 o 35 personas preparadas para ello”.
El objetivo final de todo ese proceso es llegar a un estado espiritual llamado clear (claro, limpio). “Cuando llegué al ansiado nivel de ‘claro’”, explica el ex-miembro, “pensaba que había descubierto algo nuevo (…) Hoy opino que no ‘aprobé’ dicho grado, sino que el examen sólo tenía la misión de confirmarles a ellos que yo definitivamente creía en su mundo de ciencia-ficción”.
Para Perlado, Scientology es un grupo “con claros componentes de manipulación psicológica” y asegura que dentro de éste se desarrollan “prácticas pseudohipnóticas consistentes en repetición monótona de acciones sin sentido, vendidas como herramienta para comunicarse mejor, etc. Rutinas progresivas encaminadas a debilitar y aumentar la sumisión ciega”. Dentro de los programas que se incluyen dentro de la ‘Iglesia’ se encuentra también el de ‘purificación’, que se realiza en una sauna y que se efectúa para “la eliminación de residuos de las drogas y otras toxinas del tejido graso del cuerpo”, explica la web de la Cienciología.
“Aparte de todas estas prácticas asociadas a sus cursos, el adepto irá participando en todos los ritos externos del grupo (actos, ceremonias, etc.), y desarrollando tareas de captación, firmando contratos de un billón de años para ser miembros de la SeaOrg (superiores)”.

Enemistades peligrosas.

Pese a estar reconocida como ‘Iglesia’ en España, la organización no cuenta con tal denominación en varios de nuestros países vecinos como Francia, Bélgica o Alemania, donde ha sido denunciada por estafa e intento de infiltración en las instituciones públicas. Para el director de la institución, las controversias que existen en torno a la organización se deben a que “cualquier movimiento nuevo, sobre todo si crece a nivel internacional como lo hace Scientology, pues crea polémica. Hace algo más de 2000 años también generaron polémicas y eso que no había internet, televisión, ni redes sociales”.
Además de toparse con Gobiernos, la Cienciología también tiene una guerra abierta contra los profesionales de la mente. “La profesión psiquiátrica se ha convertido ‘curandería diabólica’ que por lo general se reduce a la prescripción de potentes psicofármacos que son muy dañinos para la mente y para las personas del entorno del que las toma”, asegura el director. “Los cienciólogos, al igual que muchos médicos de todo el mundo, se oponen a los brutales ‘tratamientos/tortura’ de la psiquiatría”. La razón de tal desprecio se debe, según Perlado, a que el grupo reclamó en su origen el estatuto de la nueva ciencia de la salud mental, “cosa que les fue denegada por falta de evidencia alguna”.

Salir de la Cienciología.

Arjona asegura que en la organización “ni se ni se entra ni se sale”, y que “ser cienciólogo es un sentimiento y una actitud hacia uno mismo y hacia la vida”. Pese a ello, los profesionales de la salud aseguran que en varios casos se han encontrado con “lesiones psíquicas severas” en personas que se han desvinculado de la organización. “Tardé casi cinco años en librarme completamente de dicha doctrina en mi cabeza”, recuerda el ex-miembro de la congregación, que llegó incluso a tratar de suicidarse para comenzar una nueva vida reencarnado.
Los psicólogos que tratan a ex-componentes aseguran encontrarse con muchas trabas, principalmente por las dificultades que existen para acceder a sus pacientes. “Les han repetido hasta la saciedad que los profesionales de salud mental querrían dañarles o incluso estaríamos confabulados con la CIA para atacarles”, asegura Perlado.

Hollywood y los cienciólogos.

Cuando se habla de la organización son numerosos los nombres que vienen a la cabeza y la mayoría de ellos serán rostros del cine como Tom Cruise, John Travolta o Juliette Lewis. La razón de ese interés por parte de los artistas, resulta muy clara para el presidente: “lo que tiene Cienciología es que funciona. Si uno la aplica correctamente a su vida, y es ético, la vida te puede ir mejor, a los artistas se les devuelve su capacidad de crear su arte”.
Sin embargo, Perlado apunta para esta relación a causas bastante más terrenales. “Los famosos son personas, y por tanto, influenciables. A la vez, a Scientology le interesa disponer de celebridades para dar una buena imagen pública y disminuir la percepción de riesgo o más aún incrementar su atractivo a los jóvenes mediante actores famosos. Seguramente también hay intercambio de favores”.
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