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*DIFUSIÓN DEL YIHADISMO DESDE LAS TÉCNICAS SECTARIAS DE CAPTACIÓN.

Publicado en por grupos-de-manipulacion-mental

*DIFUSIÓN DEL YIHADISMO DESDE LAS TÉCNICAS SECTARIAS DE CAPTACIÓN.

¿Por qué jóvenes occidentales se convierten en terroristas? ¿Qué les lleva a querer viajar, formarse e incluso morir en nombre del Islam? Con demasiada frecuencia, vemos como las investigaciones policiales descubren el apoyo y la militancia de jóvenes occidentales a redes terroristas. En otras, son jóvenes musulmanes integrados por generaciones en sociedades occidentales. Muchos con estudios superiores y futuros prometedores. Este fenómeno nos produce estupor, asombro, miedo. Pero estas sensaciones no mitigan la pregunta ¿Por qué? ¿Qué ocurrió en ellos para que presenten esta adhesión al sinsentido y el horror?

NO SON CONVERSOS .SON CAPTADOS

A poco que nos detengamos, debemos ser conscientes de que estos fenómenos no tienen una explicación simple. Ni en su raíz podemos pretender encontrar causas racionales u objetivas que justifiquen un cambio vital de este calibre.

Tampoco sería correcto pensar que el origen de todo está en la conversión al Islam desde un vacío existencial. No es del todo así. Existen una gran mayoría de conversos al Islam, cuyas vidas transcurren en un sentido opuesto al de la violencia. Personas que encontraron en este credo una satisfacción a su búsqueda. Por tanto, el fenómeno de la conversión al Islam no tiene por qué terminar revistiendo este carácter.

En este sentido, estos jóvenes radicalizados no son propiamente convertidos, sino captados. La diferencia es importante, ya que vincula esta transformación de modo directo a procesos de captación, cuyas técnicas están íntimamente relacionadas con las técnicas sectarias.

La captación del adepto conlleva una crisis o quebrantamiento de identidad personal. Se nutre de personas ya de por sí debilitadas, insatisfechas, que se sienten solas, necesitadas y en muchos casos frustradas interiormente. Personas cuya imagen, comportamiento y quizá éxito social/laboral no se corresponde con su verdadera autopercepción. En esta situación, entrar en contacto –bien personalmente o a través de las redes sociales– con personas /grupos que canalicen esta amplia gama de demandas personales es el inicio del camino hacia la reconstrucción personal.

Sentirse acogidos, aceptados es el paso previo a la captación, entendida como reprogramación sutil de la identidad individual. Una batalla que se irá librando en el interior y alrededor del prosélito, aplicando los reclamos y la presión oportuna. Hasta que se llega un punto de “no retorno”, en el que se soluciona este conflicto bien a favor de la integración plena o del rechazo del grupo sectario. Cuando el individuo decide ceder, depositar toda la confianza en el grupo pensando que es el centro de su mundo, lo que en realidad hace es dejar que se éste interprete y gestione todos los aspectos de su vida. Y es en este momento donde se pone en marcha la reprogramación.

La infiltración de corrientes extremistas en entidades legalmente reconocidas ha sido un punto crucial para identificar y describir a estos grupos. Por tanto, el transnacionalismo islámico, entendido como la conexión con instituciones del mundo islámico, ha de tenerse muy en cuenta aquí. No sólo como un elemento vital para su financiación, sino como el canal idóneo para la captación de neófitos.

LA LÓGICA DE LA ISLAMIZACIÓN.

Los postulados islamistas penetran en los individuos de tal modo que terminan asumiendo lo que podemos denominar la lógica de la islamización. Un conjunto ideológico manipulado que pretende imponerse como única lectura posible de la realidad. A grandes rasgos se manifiesta como un profundo rechazo a la democracia, entendida como modelo fracasado y profundamente despótico. Occidente es percibido de un lado como un todo “cristiano e imperialista”, que ha sojuzgado al mundo árabe desde su lógica. De otro, como proyecto civilizatorio defensor del laicismo.

Una “modernización” que ha desmantelado la sociedad y las tradiciones musulmanas, alienado a la mujer y convirtiendo a las personas en objetos. Si para el mundo occidental la madurez de una sociedad se mide en su capacidad de coexistencia pacífica, el discurso radical islamista considera la ausencia de unidad como un fracaso. Para los islamistas el orden prevalece sobre el sistema. Es decir, la ley de acción debe estar impuesta por una autoridad superior y prevalecer sobre aquellos principios o reglas elaborados racionalmente.

Llegados a este punto, resulta preciso distinguir dos conceptos que a menudo se utilizan erróneamente como sinónimos. El “integrismo” ha interpretado que los líderes políticos y religiosos han traicionado su deber sagrado de conservar íntegro (idéntico y completo) el mensaje revelado, exigiendo un retorno incondicional a la simplicidad fundacional. Por su parte, el “fundamentalismo” persigue el seguimiento riguroso de ciertos dogmas que se han visto devaluados con el tiempo. Ambas tendencias son relevantes en el proceso del que tratamos, ya que se nutren de la necesidad individual de potenciar la creencia como “refugio” frente a la incertidumbre de la modernidad. Con frecuencia, reaccionando con discursos intolerantes y dinámicas auto-segregadoras. Proponiendo una cosmovisión alternativa, atrincherada en sus “baluartes de certezas”.

A todo este ideario debemos añadir la acción violenta como vehículo para conseguir los objetivos propuestos. Pero, el verdadero peligro es que el semillero de terroristas radicalizados desde occidente nace de la infiltración de estos grupos en redes y organizaciones. Algunas poseen un ideario afín. Otras, al menos en apariencia no.

EL EXTREMISMO ISLAMISTA Y LA UTOPÍA DEL TERROR.

¿Por qué este radicalismo posee capacidad de seguimiento? En primer lugar hay que advertir que nada puede justificar desde un punto de vista racional que un individuo se auto inmole cometiendo un acto terrorista en nombre de Dios. Por tanto, el éxito del terrorismo islamista, no puede medirse en términos de veracidad, sino de efectividad. De su capacidad para captar, producir un discurso ideológico, marcar objetivos y hacer que los individuos, llegado el caso, mueran por él.

No podemos pensar, como se hace frecuentemente, que hablamos de organizaciones o individuos que no han aceptado los logros de la modernidad. Que viven en una especie de “cápsula” medieval. No es cierto: se trata de una “utopía contemporánea que se nutre de las contradicciones de la modernidad. Que utiliza los más sofisticados avances tecnológicos e industria armamentística y se financia con redes de narcotráfico y prostitución.

Estos discursos arrastran miles de jóvenes en todo el mundo porque funciona como una “utopía”. Es decir, lo moderno no es su capacidad destructiva. Es la creencia de que esas muertes causadas tendrán como resultado el nacimiento de un nuevo mundo. Aquí y ahora. Creer que el terror puede rehacer el mundo.

En este sentido, se convierte en una propuesta con capacidad para satisfacer una demanda. Y por tanto de ejercer una capacidad movilizadora. Dentro de los grupos, los individuos más destacados obtienen el reconocimiento que desean para ejercer su influencia (demandas de legitimación). Para los adeptos más desfavorecidos satisface la necesidad de sentirse parte de un “proyecto” que los necesita y para el que son importantes (demandas de compensación). Cuanto mayor es el desencanto y la frustración, más intenso es el entusiasmo islamista.

GRUPOS VINCULADOS AL EXTREMISMO ISLAMISTA.

Teniendo en cuenta que hablamos de un fenómeno extraordinariamente dinámico y con fisonomías cambiantes podemos mencionar un conjunto de organizaciones ligadas explícitamente al extremismo. En España, por ser un país de inmigración reciente en comparación con otros de su ámbito, y a causa de los aspectos relacionados con la seguridad desde 2001, esta temática ha adquirido una relevancia creciente.

Habitualmente, estos grupos están conectados con corrientes internacionales, heterodoxas en el discurso y sectarias en su funcionamiento y metodología de captación. En ocasiones, desde la clandestinidad o la opacidad y en otras infiltrándose en comunidades inscritas legalmente para aprovechar sus estructuras y ganar adeptos.

Uno de estos movimientos transnacionales es el llamado Tabligh. La Yama´a at-Tabligh al-Da´wa (Congregación para la Propagación del Islam) puede encuadrarse entre las agrupaciones que defienden una reislamización profunda de las sociedades y los individuos. Un “Islam puro” y originario, separado de contaminaciones contemporáneas, especialmente occidentales. Este movimiento se relaciona con la versión más radical del reformismo islámico y se interpreta como una exigencia de propagación del Islam. Es decir, un imperativo exigible a todo musulmán para transmitir el mensaje revelado con la con la seguridad de que la extensión de su conocimiento propiciará una conversión genuina. Lo que se denominaría una yihad menor, entendida como esfuerzo de purificación del musulmán para seguir el Islam y eliminar las influencias externas a él, reislamizando su vida cotidiana.

En comunidades musulmanas radicadas en países occidentales, esa tendencia genera un proceso de “guetización” o auto segregación social. Circuitos cerrados, donde el mensaje sectario y violento puede encontrar su caldo de cultivo. En su funcionamiento interno han sido descritos por su tendencia a ejercer un fuerte control de sus miembros, tanto en la práctica religiosa como en los usos y costumbres familiares, con particular atención a la reproducción social del grupo a través de las madrasas.

Aunque se declaran pacíficos y al margen del juego de presiones e intereses políticos locales, sí se les ha observado con recelo en tanto que precursores ideológicos de individuos que han dado el paso a una acción directa en grupos yihadistas tras un prolongado aislamiento y desintegración del conjunto social. Estos adeptos reformulan su identidad mediante un nuevo esquema de prioridades, considerándose espiritual y comunitariamente legitimados por su decidida militancia y activismo en una estructura percibida como “verdaderamente islámica”.

Frecuentemente, algunos seguidores Tabligh toman contacto con el radicalismo violento durante estancias formativas en centros islámicos extranjeros, singularmente pakistaníes. Algunas de las operaciones policiales contra terroristas desvelaron la presunta vinculación de algunos miembros violentos con mezquitas asociadas a este movimiento. Algo que incluía el preocupante y creciente fenómeno del reclutamiento de terroristas y combatientes en conflictos en el extranjero, algunos de ellos de nacionalidad española. Un fenómeno que preocupa por los riesgos potenciales para la seguridad que pueda suponer el retorno de alguno de estos adeptos.

En España, la mayoría de las mezquitas del movimiento están legalizadas en el registro. Muchas de ellas son locales de modestas dimensiones para facilitar la oración de los fieles. En España además de Madrid y Extremadura tienen amplia representación en la zona mediterránea, Ceuta y Melilla. Su expansión coincide con el crecimiento de comunidades de origen inmigrado de la década de los años 90. Es el caso de las principales mezquitas Tabligh de la Región de Murcia: Centro Islámico de Cartagena, Comunidad Islámica “Clemencia” de Torre Pacheco y la Comunidad Islámica de Alguazas.

En términos similares se ha caracterizado a la agrupación Dawat-e-Islami (Invitación al Islam). Una organización multinacional que se presenta como apolítica y no extremista. Originaria de Pakistán (1980), se ha centrado en el reclutamiento de individuos de clase media baja. Su presencia en Europa se remonta a los años noventa en el Reino Unido y posteriormente se extendió a otros países del entorno. En España tiene varios centros, destacando la mezquita barcelonesa de Faizan-e-Medina.

La presencia de otros grupos, como Hizb ut-Tahrir al-Islami (Partido de la Liberación Islámica) de origen sunní (Jerusalén, 1953) desvela el riesgo de infiltración antisistema en las mezquitas y organizaciones musulmanes legalizadas en España. Estructuras como Al-Adl ua Al-Ihsan (Justicia y Caridad, Marruecos 1983) alertan a las fuerzas de seguridad sobre el riesgo de una predicación legitimadora de la violencia a través de discursos radicales, emitidos en el culto ordinario.

En términos generales, también habría que hablar de corrientes como el salafismo o el wahabismo, en tanto sus miembros poseen un alto riesgo de traspasar la estrecha frontera que separa el rigorismo piadoso y la militancia violenta.

El Salafismo (Salafiyya) alude a un movimiento de regeneración del Islam, cimentado en la vuelta a los hábitos de los primeros creyentes (salaf). Está relacionado con el renacimiento cultural árabe surgido a finales del XIX (Nahḍa). La decadencia árabe fue explicada como producto de la injerencia extranjera, que había aprovechado el alejamiento de los musulmanes de su verdadera tradición. En Argelia y Túnez desarrollaron su doctrina paralelamente a la formación de los movimientos políticos anticoloniales.

Por su parte, el Wahhābismo es una corriente originaria de Arabia Central por Muhammad Ibn ‘Abd al-Wahhāb (1703-1791). Sus seguidores se denominaban a sí mismos muwaḥḥidūn (unitarios) y se consideraban herederos de una de las más rigurosas escuelas jurídicas del Islam suní (ḥanbalismo, siglo IX). Frente a cualquier forma de innovación, predican una defensa extrema del Corán y la Sunna como únicas fuentes de conocimiento frente a cualquier forma de innovación.

Por tanto, detectar este tipo de grupos resulta una labor tan apremiante como compleja. Especialmente porque siguen aprovechando los canales abiertos por las entidades musulmanas legalizadas para llevar a cabo su misión. Una tarea que entraña serias dificultades a las fuerzas de seguridad. De un lado, porque se realizan a través de los medios e infraestructura que estas entidades poseen para captar a nuevos adeptos. De otro, las tácticas de infiltración individualizada dificulta el seguimiento al difuminar las barreras que separan su actividad de las propias de una entidad religiosa islámica convencional.

.María Ángeles Corpas, doctora en Historia Contemporánea y experta en el Islam.

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